Fiebre en niños.

FIEBRE EN NIÑOS.

 

Ante todo, debemos respetar la fiebre, pues se trata de una reacción defensiva del organismo, necesaria para luchar contra la enfermedad.

La fiebre no es la enfermedad, sino la defensa del cuerpo contra la enfermedad.

 

Numerosos estudios científicos demuestran que las enfermedades infecciosas curan antes en presencia de fiebre que cuando ésta falta.

Por eso, cuando un niño está pasando por un proceso infeccioso, es muy conveniente que tenga fiebre. Nos garantiza que su sistema inmune está trabajando bien y en la dirección correcta.

Por contra, la ausencia de fiebre en un niño enfermo puede ser el indicador de una débil reacción defensiva. Y esa debilidad inmunológica puede facilitar las recaídas frecuentes.

 

¿Cómo ayudar en los procesos febriles?

Cuando la fiebre es alta y molesta, podemos ayudar a bajarla dando un baño al niño. Hay dos formas de hacerlo:

  • en agua fría, forzando así una bajada de la temperatura corporal. En este caso, debe evitarse una bajada brusca e intensa con agua muy fría pues puede provocar, en niños sensibles, escalofríos intensos e incluso una crisis convulsiva
  • en agua caliente, la que el niño pueda tolerar sin quemarse, durante 5-10 minutos. Después secar y dejar descansar. El cuerpo reaccionará, espontáneamente,  con una disminución suave y moderada de la temperatura.

Personalmente, mi experiencia me lleva a recomendar el baño en agua caliente por ser un método que estimula, sin forzar, la reacción curativa del propio organismo. Y va en la misma dirección de sus esfuerzos defensivos.

Señalar como anécdota en este sentido que los más expertos maestros de cocina acuden inmediatamente a la aplicación de agua caliente cuando se produce una quemadura.

En fiebres que cursan con cabeza muy caliente y extremidades frías, es muy conveniente atraer el calor hacia brazos y piernas. Para ello, frotaremos enérgicamente las extremidades con un paño humedecido en agua muy fría (agua con cubitos de hielo). Después, las secaremos y envolveremos en ropa de lana para atraer hacia ellas la sangre, y descongestionar así la cabeza. El alivio en los síntomas será inmediato.

Durante los estados febriles (y en la enfermedad en general), conviene hacer dieta sólo de fruta y líquidos. Este ayuno terapéutico permite al organismo, además de mantenerse hidratado,  centrar su energía en labores defensivas, al no tener que digerir alimentos. Los niños (y los animales) aun conservan esta sabiduría natural. Así que no forcéis a vuestros hijos a comer cuando se sienten enfermos. 

En pacientes que se tratan con Homeopatía, haremos uso del medicamento de AGUDIZACIONES de su último tratamiento.

Se debe administrar una dosis de plus (en disolución) de dicho medicamento cada 30-60 minutos. Y distanciar las tomas conforme sobrevenga la mejoría.

Es importante observar las peculiaridades del cuadro febril:

  • horarios de agravación y mejoría.
  • estado general y emocional del enfermo.
  • si pide beber agua y, en caso afirmativo, la cantidad y frecuencia con que lo hace.
  • coloración y temperatura de las diferentes partes del cuerpo.
  • presencia o ausencia de sudoración o escalofríos.

Esta información detallada es la que permitirá al médico homeópata seleccionar el medicamento más idóneo para ese cuadro febril en particular.

Si la fiebre es muy elevada (39,5º C), puede administrarse también media dosis de algún antitérmico para aliviar un poco las molestias. Pero es importante que no llegue a desaparecer. RECUERDA:

La fiebre es nuestro gran aliado contra las enfermedades infecciosas. Y necesitamos de su colaboración.

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